Años antes de tener la oportunidad de conocer realmente Paris, hice escala en el Charles de Gaulle, era el año 2001, y justo hice escala de 3 horas con un amigo con el cual nos estábamos yendo a la India invitados a una feria comercial. No teníamos ninguna tarjeta de crédito signature o black o Priority Pass para ingresar a los salones VIP y nica que pagábamos, así que a relojear. Faltaba poco para subir al avión y mi pata me dice “ ya que estoy en Francia, me comeré un croissant, el francés, el verídico”. A buscar el croissant se ha dicho, cuando lo encontramos se veía como un cachito normal y corriente como de panadero de carretilla, y cuando veo el precio de 6.50 euros casi me caigo de espalda, no la hago dije. Después de hacer una cola de 8 personas aprox, llega a la caja, César paga desesperado porque iba a comer un croissant “original”, echaba agua por la boca, quería devorar a ese pan francés. Lo miraba y no entendía nada de la emoción que sentía por ese pedazo de harina horneada.
Le dan el croissant y su Coca Cola, lo observa, huele, segundos después de su contemplación, lo muerde, cerró los ojos como Gastón Acurio y suspira “uhmmm perfecto, buenazo”. Me cagó, ahora me antojó y no iba a gastar 6.50 euros en un pan.
- César invita pe´.
- Qué? Ni cagando te invito mi croissant comprado en la misma Francia.
- Oe huevas, estamos en el aeropuerto, ni siquiera hemos visto la Torre Eiffel.
- La he visto por el avión, dijo, mientras veía el croissant mordisqueado cuando hablaba.
- César un poquito, no seas malo ya vas por la mitad, que tacaño eres por la puta madre.
- Tacaño, yo? Quién habla!!! Ya carajo, te invito un pedacito.
Como si estuviera midiendo con una regla me da lo que sería 10 céntimos de euro del pan; la batalla estaba perdida, no me iba a invitar más. Agarro la casi migaja invitada, me lo “como”, casi no siento nada y obviamente no tuvo el sabor de un pedazo normal. Indignado, molesto, envidioso le digo:
- Que feo está, ni cagando supera al cachito que venden en Lima, hasta las huevas haber gastado tanto dinero.
- JAJAJAJA estás picón, cómprate el croissant de una vez.
- No voy a hacer esa colaza. Bueno, ya, me lo compro.
Llego a la cola, ahora de unas 10 personas, cuando de repente llaman nuestro vuelo, orgulloso salgo de la fila y le digo vámonos de una vez que en el vuelo de regreso me lo compro, mientras miraba los croissants brillando en el exhibidor diciéndome “au revoir”.
Después de 15 días, regresamos a Lima y nos encontramos en una reunión con todos los amigos que tenemos en común. Por joderme, contaba a todos que se había comido el mejor croissant francés, de la textura, del sabor y demás adjetivos para aumentar su sabrosa experiencia. Yo escuchando, arrepentido de no haber comprado mi cachito francés, maldigo haber sido tan tacaño y también a la agencia de viajes de la embajada india que cambió nuestro vuelo de regreso e hizo escala en Amsterdam, adiós croissant francés … ya en el 2006 me di el gusto de comerte, después de 5 años.
Y es así cómo uno deja de probar o de hacer cosas, de la manera más tonta y absurda como yo con el croissant y no querer gastar 6.50 euros pero si 10 euros en una cerveza. Pasa también en la vida laboral y personal, cuando alguien me dice algo comenzando con las benditas palabras “casi”, “hubiera”. Una vez pronunciadas esas palabras, todo lo que digas después de ellas no existe, no se realizó, son relleno para una justificación, excusa, o simplemente palabras para quedar bien; cuando en realidad te hacen quedar hasta las huevas, disculpen mi francés refinado pero así es. Puedo entender estos errores en gente joven, que se inicia laboralmente pero después de algunos años de experiencia, no puedes pronunciarlas, hazme caso, en la vida familiar, se perdona y te hacen chacota pero en lo laboral, imposible, te hace quedar mal, muy mal; recuérdalo por favor y ayuda a gente para que no las pronuncie. Escucho y leo “Nunca pierdas la oportunidad de quedarte callado” y es verdad, que las ganas de justificar no te ganen porque saldrán el CASI o el HUBIERA. Menos cuando las cosas ya sucedieron y sale el hubiera, ahí te mato; mira, mascota, es muy fácil “ser general después de la batalla”.
Recuerdo cuando aprendí finalmente a quedarme callado laboralmente y evitar excusarme. Estaba en el mercado de Caquetá (ahí encuentras todo para fabricar un zapato, todo) comprando cuero sintético para los zapatos y en ese entonces importábamos plantas de PU de España y eran caras para lo que el mercado peruano valoraba en ese momento. Siempre que compraba, caminaba por los stands y tiendas porque siempre encuentras algo nuevo, hay que observar. Llego a una tienda de plantas de PVC que eran igualitas a las de PU, pesaban un poco más por el material pero idénticas para la vista del cliente y costaban 75% menos. Descubrí el oro!!!! Me sentí lo máximo, no podía creerlo, por fin un proveedor peruano (puneños ellos, los puneños son los dueños del mercado de Caquetá) con suelas aceptables para la fabricación.
Se me salía el corazón porque era un montón de dinero que se ahorraría, ya esperaba la palmadita de “buen trabajo”, llego feliz al escritorio de mi viejo que estaba ojeando varias revistas ARS SUTORIA para chequear tendencias, sacar ideas y le digo:
- Papá, encontré lo que necesitábamos para ahorrar, unas plantas buenazas, hacen unas igualitas a las que tenemos, también hay unas parecidas a las de la feria y mira los precios en la proforma.
- Muéstramelas – dijo el loco Bussem.
- Ah,arggg, ahhhh – comencé a atorarme – las hubiera comprado, carajo.
- Manfred, el hubiera no existe, todo lo que me estás diciendo no sirve, mejor no dices nada, ni foto has tomado, tenías plata y pudiste comprar algunos pares para hacer pruebas y ver si funcionan. Bajó la mirada y siguió ojeando las revistas.
No me dijo nada más, tampoco lo necesitaba; la tarea había sido dada sin mencionarla, estaba herido con esa lección de vida, agarré el carro y me fui derrapando hasta Caquetá a comprarlas. El proveedor resultó ser un éxito para lo que necesitaba el negocio en ese momento.
No puedo negar que aún, varias veces, me quedo con ganas de hasta comer algo que me provoca y no sé si el día de mañana estaré en este mundo. Vale la pena comerlo? Yo digo que si, ahora más que estoy haciendo deporte y cuidándome, igual trato de cuidarme pero evito quedarme con las ganas.
Una de las cosas más locas que me pasó sucedió en el 98, que mi viejo no recuerda y mi mamá jamás hubiera dejado hacerlas; sucedió en Italia. Mi viejo, que siempre tenía alguna locura que enseñarme, mientras caminábamos viendo tiendas, comenzó a comprar café, pizzas, helados y al final muchos de ellos los probaba, no los terminada y botaba al tacho. Qué!!!, te volviste loco???.
Calmado me responde, el café, pizza y helado italianos son los mejores del mundo, entonces probaré todos los que pueda porque no sé si regresaré a Italia y no me voy a quedar con las ganas de probar, quizá me muera mañana y me quedé con ganas.
Esto sucedió en el 98 y en el 2001 con el croissant, aún, no había aprendido la lección de no quedarme con las ganas.
Nunca es tarde para sacarse el clavo de lo que no hemos hecho o probado, solo un consejo, apúrate, manos a la obra, hazlo.
